Aprovechando que estamos a punto de participar en el Forum HOTel&Spa 2012, queremos comenzar hoy, hablando de diseño, una serie de cuatro entradas, en las que nos centraremos en “la experiencia” del cliente.
No cabe la menor duda de que el diseño de un espacio condiciona el disfrute que se hace de él. En un lugar como un spa, donde precisamente, el contar con una experiencia positiva, es uno de los elementos vitales de reclamo, parece que el diseño debe ser un peso pesado dentro de la concepción de nuestro negocio. En un post previo hablamos sobre ello desde el punto de vista de la función, pero esta vez nos gustaría acercarnos a la forma, a la visión del cliente. Su percepción, lo que experimenta al visitar un spa, y el motivo que hace que considere a uno especial.
DISEÑO DE UN SPA. LOS 4 PUNTOS DE UN PLAN DE ÉXITO.
1) Simplicidad

Todos conocemos ambiciosos proyectos de spas y centros wellness en lugares singulares, llevados a cabo por los grandes nombres de la arquitectura, como Frank Gehry. Lugares con tanta entidad, como el espacio que los alberga. Son hoteles con nombre, bodegas, o clínicas dirigidas por firmas cosméticas, pero cuando se trata de proyectos de menor escala, optar por la simplicidad, podrá producir un efecto igualmente impactante.
El mejor ejemplo lo tenemos en el famoso Pabellón de Barcelona, de Mies van der Rohe, en el que hizo de su famosa frase “menos es más”, su máxima, consiguiendo la absoluta expresión del lujo, basada en la sencillez de formas y materiales. Lo llaman el lugar donde el tiempo no existe. ¿Qué mejor sensación podríamos buscar en un negocio como el nuestro?.
A evitar: Un error común es buscar el factor “wow” a través de la cantidad. Optar por una carta de soluciones de diseño demasiado amplia, producirá un efecto contrario al buscado.
2) Autenticidad

Aunque haya momentos en los que sintamos que nadamos a contracorriente, debemos intentar no perder nuestra propia identidad. En un mundo lleno de alternativas, sólo destacarán aquellas que sean auténticas. El espacio ha de entenderse, asimilarse, y olvidarse de él, para, simplemente, dedicarnos a disfrutar la actividad que realizamos.
En esa línea, tenemos que pensar en crear espacios que sean experiencias únicas y centrarnos en la importancia de los materiales, no sólo pensando en aspectos visuales, sino en los demás parámetros que influyen en el impacto psicológico que el cliente tendrá al hacer uso de nuestras instalaciones.
El tacto, como uno de los pilares fundamentales de la actividad de un spa, no sólo llegará a través de un masaje, sino de la textura de una piscina, del banco en el que se sentarán, o del suelo que pisarán. Debemos pensar en qué queremos transmitir en cada espacio, desde diferentes temperaturas, hasta grados de rugosidad, según la sensación que queremos que el cliente experimente en cada zona. Que los materiales elegidos, sean elementos de apoyo que complementen las sensaciones que el servicio ofrecido proporciona.
Lo mismo ocurre con la iluminación, que debe estar perfectamente definida por estancias. Igual que jugamos con temperaturas de agua, debemos hacerlo con temperaturas de luz, cuyo gradiente y tonalidad, producirá un impacto en el cliente.
A evitar: La mediocridad. Ser infieles a nuestra identidad. No conseguir que la estancia en el spa sea una experiencia para los sentidos. Olfato, vista y tacto, tienen que estar estimulados durante todo el recorrido.
3) Coherencia

Si observamos la imagen, podemos ver sintetizado un proyecto de interiorismo. Pavimentos, revestimientos, textiles, y meros objetos de atrezzo, que siguen un hilo conductor; el de una apariencia natural. Sea cual sea la imagen que queremos dar a nuestro negocio, esa debería ser la línea a seguir a la hora de configurar el diseño del mismo; crear una idea, con soluciones que forman parte de una misma familia, donde todo parece encajar con naturalidad, desde el concepto, la oferta de servicios hasta el diseño.
No hay que olvidar, tampoco, el lugar en el que se sitúa nuestro spa, y cómo el proyecto puede ayudarse de ello, para definir su entidad, estando en armonía con su localización.
A evitar: Aunque pueden resultarnos atractivas diferentes soluciones, pretender hacer un mix y aunar en nuestro spa todas las ideas que tenemos en mente, jamás será tan efectivo como decidir su propio carácter, y a través de él, crear una imagen acorde y coherente. Iluminación, materiales, espacios, y concepto todo tiene que estar coordinado.
4) Inteligencia

Form follows function es la frase que define el funcionalismo arquitectónico del SXX. Algo así parece suceder con esta cafetera, que simboliza a la perfección la idea de que todo aquello que resulte superfluo, es totalmente prescindible. Una pieza que puede simular un edificio, con varias zonas principales, que son los órganos del proyecto, los lugares donde se llevarán a cabo los servicios ofrecidos, y una serie de áreas secundarias, que darán servicio a las principales. Nada más. Nada menos.
Si nos ponemos en la piel del cliente, su estancia en nuestro negocio se verá simplificada si ofrecemos un espacio sencillo e inteligente, en el que el usuario pueda moverse de manera intuitiva y cómoda.
A evitar: Es importante huir de las circulaciones complejas. Las zonas en las que el usuario no está acompañado por parte del personal, tienen que tener un funcionamiento completamente racional. Pasillos largos y angostos, recorridos complejos, o zonas cuyo uso invite al error, son elementos de los que siempre debemos prescindir.
Para resumir, cuando creamos un concepto y redactamos el plan de negocio, debemos hacerlo extensible hasta el último punto, el del diseño. No hay que olvidar que la percepción básica del cliente se basa en lo que reciben sus sentidos. De nada servirá un perfecto organigrama empresarial, si el usuario no disfruta de un lugar estimulante.

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