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El Dominio de los Espacios a través de la Luz

 

Continuamos con la tercera de las cuatro entradas, que dedicaremos a “la experiencia” del cliente, y cómo el diseño tiene un papel importante sobre ella. Si ya dimos unas pautas básicas para conseguir un diseño efectivo, y hablamos de la textura como un concepto importante para lograrlo, hoy nos queremos centrar en una de las herramientas más importantes del proyectista; la luz.

La luz es un concepto necesario para percibir tanto las cosas, como su naturaleza, y que el hombre pueda asimilarlas de una forma inmediata y evidente, a través de la vista. Es cuando queremos pasar de esa percepción básica, a una influencia en nuestros sentidos, cuando necesitamos manipular esa luz, para conseguir dar un carácter concreto a los espacios.

 

El efecto simbólico de la luz

A lo largo de la historia, la manipulación de la luz en arquitectura, tiene su ejemplo más evidente en el ámbito religioso, donde ha tenido siempre un carácter místico. Podemos distinguir entre unos periodos y otros, precisamente por el tratamiento que se ha hecho de la luz en los templos, ya que ésta tenía una función muy simbólica. La luz representaba a Dios. De esta manera, en la Edad Media, la iluminación natural era contenida, en gran medida por sus condicionantes técnicos, mientras que en el Gótico, lo inundaba todo, gracias a las repetidas perforaciones de sus muros, siguiendo una filosofía más abierta de la religión, de cercanía a Dios.

 

 

Diferencias entra la iluminación de una iglesia románica y una catedral gótica por su efecto simbólico

 

A día de hoy, los diseñadores juegan con el tipo de iluminación a usar, ya que ésta determinará la percepción del objeto que mostramos. La luz directa nos permite ver la forma de manera fiel, mientras que una luz difusa, puede ser una buena forma de desdibujar contornos, para conseguir que los objetos se presenten distintos a su realidad objetiva. Su percepción a través de nuestra vista, puede cambiar en cuanto a distancia y forma, hasta el punto de que un edificio puede parecer flotar.

 

Dominar la luz. La Capilla de Ronchamp

Uno de los mejores ejemplos de dominio de la luz a través de la arquitectura, en este caso, también religiosa, lo encontramos en una obra del maestro Le Corbusier, la Capilla de Notre Dame du Haut, conocida coloquialmente como la Capilla de Ronchamp.

Con un interior fundamentalmente modesto, consiguió, por el contrario, un gran impacto en todo el que la visita, gracias a una iluminación pensada, muy especial. Sus paredes, de gran envergadura, se perforaron con pequeñas ventanas irregulares, que acompañan a la iluminación indirecta que llega desde sus torres. La forma en la que la luz natural penetra, otorga al edificio un carácter místico, sólo por el dominio de la apertura de vanos en el muro, y es un ejemplo perfecto de cómo una adecuada iluminación, pensada en función de la actividad que albergará ese espacio, puede, sin más ayuda, llenar de fuerza el mismo.

 

 

Interior de la Capilla de Notre Dame du Haut, Le Corbusier. Ronchamp, Francia

 

 

Materializar conceptos abstractos, aplicándolos a nuestro negocio

En uno de los mejores libros sobre estética tradicional japonesa, “El elogio de la sombra”, Junichiro Tanizaki manifiesta la importancia de entender la luz a través de su opuesto, la sombra. Desarrolla la idea de que en Occidente, la belleza se liga a la luz, mientras que en Oriente, es la sombra quien matiza y da sutileza a los espacios, alejándose de la connotación negativa habitualmente otorgada a la oscuridad. Explora conceptos tan interesantes como el contraluz, lo tenue, o la penumbra, como algo necesario para enfatizar la belleza de las cosas.

Viendo la importancia de la luz, pero también de su contrario, la sombra, y como a lo largo de la historia ha sido la gran aliada de arquitectos y diseñadores, podemos pensar en trasladar esa idea hasta nuestro negocio. Apoyarnos en la potencia de una iluminación adecuada, para crear espacios relajantes, que tengan, casi, ese carácter místico, de distancia con lo mundano, que se ha conseguido en tantos ejemplos de arquitectura religiosa. Crear juegos de luces y sombras adecuados, dando, mediante la sutileza de lo tenue, la sensación de paz que necesitan. Además, el sólo hecho de centrarnos en la iluminación como premisa fundamental de diseño, puede conseguir, como hemos visto, proyectos en los que decisiones sencillas, pueden estar llenas de riqueza. Aprovechar la luz para conseguir espacios cambiantes, cuya riqueza evolucione, de la misma forma que la luz natural.

 

 

Jugar con lo artificial

Tanto en el Barroco, como en algunas arquitecturas de origen oriental, se introducen superficies pulidas y espejos, con la finalidad de inundar el espacio de luz. Además, entra en juego un concepto muy interesante a la hora de proyectar, el reflejo, y su capacidad para duplicar todo aquello que nos resulte atractivo y recalcable.

Cuando empezamos a introducir ese tipo de juegos, y no sólo tenemos en nuestra mano la posibilidad de trabajar con la luz ofrecida por la naturaleza, las posibilidades se multiplican exponencialmente. Con la llegada de la electricidad, y la capacidad de iluminar los espacios de forma artificial, no sólo nos encontramos con el hecho de poder dar uso a cualquier área, en horas en las que antes no era posible, sino que empezamos a introducir y dominar matices, antes impensables, como el aportar el color y la intensidad deseada, allá donde queramos hacerlo.

 

Pensando en lo distintos que resultarían los ejemplos hasta ahora nombrados, si hubiesen contado con una iluminación diferente, parece evidenciarse el hecho de que es ella, una de las causantes fundamentales de su resultado final. El conocimiento lleva tiempo ofreciéndonos la capacidad de producir efectos similares a los que la historia nos ha mostrado, pero sin la necesidad de contar con espacios de esa envergadura. Cualquier pequeño centro, puede conseguir el carácter deseado, si se hace un estudio minucioso del tratamiento de la luz, uno de los factores más importantes, a la hora de relajarse. Si además, tenemos en cuenta su relación con los materiales, y el juego que podemos hacer con ambos, las posibilidades resultan infinitas.

 

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